TEA EN LA SOCIEDAD

 Los niños y niñas con trastorno del espectro autista (TEA) no suelen participar en actividades sociales como actividades comunitarias, ir a fiestas de pijamas o quedar con otros niños y niñas, ya que a menudo se les ponen límites según su manera de interactuar con los demás.

Estudios han demostrado que existe una relación entre el aumento de la gravedad del TEA y la baja participación social.

TEA en la adolescencia

La participación de los adolescentes con TEA escasamente ocurre fuera del hogar y la escuela, no intervienen en muchas actividades consideradas comunes para otros adolescentes neurotípicos, como ir de compras o ir al cine con amigos/as, y eso teniendo en cuenta que las actividades extracurriculares mejoran la probabilidad de una transición sin problemas de la adolescencia a la edad adulta.

Sin embargo en este problema no solo están involucradas las personas con autismo, ya que muchas veces ni siquiera son invitadas a participar en estas actividades, dejándolas socialmente aisladas.

El apoyo de la comunidad y un entorno amigable puede facilitar la participación de niños con trastorno del espectro autista en su comunidad.

Normalmente se considera que la participación requiere tanto la asistencia como la implicación. Hay cuatro niveles de inclusión en las actividades:

Nivel de presencia: que es básicamente “estar”, compartir con otras personas el espacio donde se realiza la actividad.

Nivel de participación activa: implica el “estar” y también el “hacer”, no solo compartir el espacio sino también la actividad y el objetivo de la misma.

Relaciones significativas: nivel en el que se pueden presentar más dificultades, consiste en establecer relaciones de amistad o simplemente conocer personas.

Contribución: la aportación de la persona con síndrome del espectro autista a la actividad (valores y actitudes), enriqueciendola. 

El estrés de los cuidadores aumenta el aislamiento social de la persona con TEA

El aislamiento social del que hablábamos previamente no solo afecta a las personas con TEA, sino que a su vez afecta a sus cuidadores ya que muchas veces son quienes perciben más este aislamiento, incrementando su nivel de estrés en comparación a los cuidadores de personas sin trastorno del espectro autista.

Los cuidadores de niños y niñas con TEA suelen tener menos oportunidades de participar en interacciones sociales y se enfrentan a dificultades para poder acceder a apoyos sociales ​​en la comunidad, esta falta de apoyo social puede provocar que los cuidadores de niños y niñas autistas se retiren de las situaciones sociales más frecuentemente, experimentando así mayor estrés.


En conclusión, aunque sabemos que puede resultar difícil tenemos que esforzarnos por realizar un cambio social que nos beneficia a todos y a todas, algunas recomendaciones que os damos para empezar son: 

  • Buscar actividades extraescolares donde puedan relacionarse con otros niños y niñas. 

  • Fomentar actividades que promuevan su autonomía, como por ejemplo desenvolverse en entornos donde tengan que usar el transporte público y entornos donde no estén los cuidadores principales.

  • Informarse de programas disponibles que nos puedan ayudar.

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